Algunos prejuicios sobre las enfermedades mentales

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Qué NO decirle a una persona que sufre depresión

Hay gente que está peor que vos

Si bien posiblemente esto puede ser cierto, la realidad es que toda comparación no solo es odiosa sino injusta. Cada persona tiene sus propiaa luchas, y cada sufrimiento, dolor y problemas son importantes y merecen ser reconocidos y valorados.

Ponete las pilas/ Poné más voluntad

Para quien sufre depresión, sentir que desde afuera lo que le sucede es por simple falta de voluntad o ganas, implica sentir aún más culpa y odio a sí mismo. Es profundamente doloroso y ayuda a aumentar el sentimiento de inutilidad y de ser un estorbo.

Pero si te ves bien/ no te ves enfermo

Las personas con depresión podemos ser sumamente capaces de desdoblarnos, disociarnos, mostrar algo pero en lo interior es diferente. Podemos reír, hablar, vestirnos, bañarnos, trabajar, relacionarnos con gente, sin mostrar un ápice de lo…

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Carta a un suicida

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No voy a entrar en lugares comunes, frases hechas, con sentimientos de cotillón. Si leés esto, en principio, sabé que estuve de ese lado, y de este lado, porque los pensamientos y sentimientos fluctúan constantemente cuando sufrís algún trastorno del ánimo, y en este caso, cuando lidiás y convivís con pensamientos suicidas o intentos de suicidio. Conozco ese sufrimiento hondamente, y sé bien que muchas de las veces las palabras no llegan.

Se conforma una especie de gélida coraza en donde te disociás, y muchas veces simplemente no podés conectar con eso que te llama a acabar con todo, y lo que late aún dentro tuyo y te ata a la vida. Porque indudablemente existe algo que te ata a la vida cuando seguís, la peleás, tratás de sacudirte los fantasmas y las voces como pensamientos, y todo ello implica muchísima energía, y sí, valentía. Sin embargo, no serías menos…

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¿Merezco ayuda?

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Cuando te duele algo, como una pierna, el pecho, una jaqueca interminable, o encontrás algo extraño en tu cuerpo, vas al médico (razonablemente). Probablemente te haga exámenes, y te pondrá bajo algún tratamiento. Es lo normal y esperable, y sobre todo, lo aceptado sin mucho cuestionamiento.

Ahora bien, tenés un profundo sentimiento de vacío, casi crónico. Tenés muy poco apetito, o demasiado. Te duele el pecho pero se junta con ganas de llorar y la angustia. Probablemente bajes mucho de peso, o aumenten tus atracones. Te cuesta mucho dormir, hasta el insomnio, o por el contrario, sentís mucho, demasiado sueño todo el tiempo. Te sentís cansado, agotado, incluso después de haber “descansando”. Los días te pesan. El cuerpo te pesa. Cada fibra parece forjada en hierro. La mente te cansa. Cada ardua pelea contra voces como pensamientos, contra eso que te tira abajo, que te ata al abismo, te cansa…

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sin título

He decidido abrazar el camino, tan bifurcado, tan contradictorio.

Nadie puede decirme que no puedo, ni siquiera pueden pensarlo. Puedo, lo pienso y lo sé perfectamente bien.

Me vivo indagando profunda e incansablemente, me vivo explorando hasta sentir la carne desgarrarse, y también me vivo exiliando, todo el tiempo.

Mi dolor fue y ha sido como una pieda preciosa extraña. Les pido perdón a mis palabras y a mis lágrimas, les ruego que me perdonen. Las cicatrices, como bellas trizas en un cuerpo de cristal, hieren cuando hablan.

Una voz, cierta vos mía,  cubierta con un poco de polvo, me divide como un cuchillo.

La única manera que tengo de salvaguardarme de este mundo que adoro y odio con exuberante pasión, es unirme y alejarme. Me comprende con sus llamadas dulces como miel un tanto putrefacta, y dice que me esperará hasta que mis latidos se ahorquen y se liberen en un último suspiro. Ay Vida, me hacés adorarte mientras muestro mi desprecio por tanta inútil cosa, tanta vana cosa, tanta voz sin nada, tantas palabras sin nada.

Me exilio descaradamente, dentro de mi misma, mientras mis ojos son como anclas hacia afuera, incomprensibles, pero ¿qué pretendo? Lograré traspasar el muro, los muros, este muro en forma de pretéritos que demandan más carroña, y también cada vez más carne fresca, mi carne. Hambre lujuriosa y encantadora, tan odiosamente perfecta, que me hace querer matarla. No puedo, no puedo, pero, al mismo tiempo, ¿será que no puedo, o que realmente no quiero, ni quiero poder hacerlo?

Mientras escribo, como una anguila se mueve dentro mío, lo que no tiene nombre pero es tan mío, como una melodía final, como escuchar una canción que te demuele mientras tus músculos se tensan y te obligan a sentirte dormido mientras te devoran viejas imágenes y deseos.

Se mueve, hermosa serpiente. Dice que quiero no poder, que no quiero aceptar que matarla es seguir con vida,  que no puedo abrazar ni olvidos ni presentes, ni pasados ni futuros arenosos. Me dibuja un reloj de arena en el pecho, me enciende una vela imaginaria, como muertas velas son el pasado. ¿Muerto el fuego y su sensual vaivén?

Un poco de soledad

Un poco de amor

un poco de silencio

un poco de refugio

un poco de lejanías

un poco de  tristeza

un poco de llanto

un poco de olvido

un poco de adiós

un poco de tierna alegría

La claridad como un océano se mimetiza entre mis manos, y la insolente luz arrasa como un soplido divino ante mis ojos sedosos. Como ojos de gacela, corren, corro.

Un pequeño solsticio

Las hago parir, yo las hago nacer. Esta adoración inescrutable por estas formas, divinas formas. Me hacen ser, y seré porque ellas me convierten en perfecto lienzo, inalcanzable lienzo, como cuando hablaba sin cesar de mi propio jardín. No ha muerto… ¿acaso lo creyeron?

Se mueven las fibras, cantan las fibras, maldicen las fibras.

La serpiente tiene sabor a pasado. La serpiente grita con desesperación que se transforma, se divide, y quiere que la abrace en sus nuevas formas, en nuevas y sanas formas, mejores, dignas de mi, dignas de mis pasos. Pero, para transformarse, pide que mate lo ya muerto, lo que demanda inmortalidad porque no tiene mejor arma contra mi que devorar mi esperanza en ella misma. Hace su trabajo, seguramente. Pero al mismo tiempo, me pide que realice el mío. El reloj de arena no es gratuito.

¿Te escucharé, preciosa serpiente tornasolada?  Quieres que te mate, mataré tu bagaje.

Las respuestas están… están ahí…

me lastiman

me lastiman

quiero odiarlas con todo mi ser, pero no puedo, porque… odiarlas es mentirme. Y no quiero mentirme. No quiero mentirme otra vez, como cuando mis lágrimas eran gotas perdidas mientras eran ofrendadas con ternura, como cuando mis dolores se convertían en una preciosa piedra extraña.

No…